Día Mundial del Agua 2019: SOS en Venezuela, “nos dejarón atrás”

Según Naciones Unidas en la celebración del Día Mundial del Agua 2019, el tema de este año es “No dejar a nadie atrás”. Se trata de una adaptación de la promesa central de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: todo el mundo debe beneficiarse del progreso del desarrollo sostenible.

Una de las metas del Objetivo 6 de Desarrollo Sostenible (ODS 6) consiste en garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos de aquí a 2030. Por definición, eso significa “no dejar a nadie atrás”.

Desde 2010 la Asamblea General de Naciones Unidas reconoce el acceso al agua potable y el saneamiento como un derecho humano, sin embargo en Venezuela el Estado no garantiza la disponibilidad de ella, vulnerando la calidad de vida de la población nacional.

Con tristeza y desesperación afirmamos que en Venezuela no se cumplen los criterios relacionados con el abastecimiento de agua, como la disponibilidad, calidad, aceptabilidad, accesibilidad y asequibilidad, vulnerando los derechos a la salud y a la vida.

Diversas encuestas y estudios demuestran que hoy en día en Venezuela, alrededor del 75% de la población de las principales ciudades no tiene agua regularmente en su casa. Uno de cada siete usuarios aseguró que el agua que recibe tiene problemas de olor, color o sabor.

No nos queda la menor duda que en Venezuela un modelo de gestión corrupto e ineficiente en el manejo y distribución del agua potable, mantienen a la población en “estrés hídrico”.

El estrés hídrico es un fenómeno que se produce cuando la demanda del agua es más alta que su oferta en un periodo determinado. Esto podría pasar debido a múltiples razones: la distribución desigual del recurso, el crecimiento de la población, la falta de planificación, mantenimiento e inversión, así como problemas asociados a la contaminación y el cambio climático.

Se habla de un territorio bajo estrés hídrico cuando la oferta de agua por persona está entre 1.000 y 1.700 m3, pero si ese mismo territorio dispone de menos de 1.000 m3 de agua para cada persona, ya hay escasez de agua. Y, peor aún, si la oferta hídrica por habitante es menor a 500 m3, entonces se encuentra en “escasez absoluta”.

En varias de las principales ciudades, los ciudadanos han tenido que hacer largas filas para obtener agua de los camiones cisterna o de fuentes que no cuentan con el tratamiento adecuado, ya que se ha suspendido el suministro del preciado líquido por diversas razones, todas asociadas al colapso de la infraestructura.

Aunque por los momentos muchos embalses se encuentran en nivel adecuado, los pronósticos y modelos asociados al fenómeno El Niño apuntan a una severa disminución del periodo de lluvias, lo cual sin duda incrementará el colapso de la deficiente infraestructura de distribución del agua en Venezuela.

Los problemas vinculados a los servicios básicos se acentúan con el pasar del tiempo, ante la mirada apática y la inacción de los entes correspondientes. El problema ya traspasó el umbral de las soluciones puntuales o coyunturales, se convirtió en un inconveniente de talla estructural, que requiere orquestar una serie de políticas que permitan restablecer la senda correcta en la prestación de los servicios.

Cuando hablamos de “agua potable” nos referimos al “servicio de abastecimiento de agua gestionado de manera segura”, es decir, agua a la que se puede acceder en las viviendas, cuando se necesita.

Hoy en día millones de venezolanos prácticamente vivimos sin agua potable –en el hogar, la escuela, el lugar de trabajo– y luchamos por sobrevivir en medio de esta terrible crisis. A menudo, vemos como los entes gubernamentales se olvidan de los grupos marginados: mujeres, niños, tercera edad, pueblos indígenas, personas con discapacidad y muchos otros. Muchas veces se les discrimina cuando intentan conseguir y gestionar el agua potable que necesitan o no tienen recursos para pagar por un poco del vital líquido.

Para “no dejar a nadie atrás”, debemos concentrar nuestros esfuerzos en un “cambio del modelo” de gestión, incluir a las personas que han sido marginadas o ignoradas. Los servicios de abastecimiento de agua deben satisfacer las necesidades de los grupos marginados y sus voces deben ser tomadas en cuenta en los procesos de adopción de decisiones. En los marcos normativos y jurídicos debe reconocerse el derecho de todos al agua, y debe proporcionarse financiamiento suficiente, de forma equitativa y efectiva, para los que más la necesitan.

Es por ello que los venezolanos podemos asegurar que en el marco de la celebración del Día Mundial del Agua 2019, “nos dejarón atrás”.

Gustavo Carrasquel Parra
Mgs en Educación Ambiental | Presidente de la Fundación Azul Ambientalistas | Consultor GEO6-PNUMA
@gustavocarrasquelparra  @azulambientalistas

Acerca de Azul Ambientalistas

Defensores, Activistas, Ambientalistas, Ecologistas y Conservacionistas
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