¿Cómo ser ambientalista en pleno siglo XXI?

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A pesar de que debería ser algo innato en el ser humano, conservar y sostener en el tiempo los recursos naturales,se ha convertido en un tema bastante complicado desde que el “Homo sapiens sapiens” pasó a ser un “Homo tecnologicus”, envuelto en la industrialización, la comercialización y el consumismo. La Revolución Industrial transformó presurosamente el estilo de vida de millones y millones de personas, haciendo que la humanidad se sintiera “más cómoda y satisfecha” si producía sin parar y si consumía a la misma velocidad.

Es notorio observar como de esta atrevida transformación, se engendraron aspectos ciertamente negativos para el medio ambiente pero supuestamente necesarios para el desarrollo, poniendo a prueba principalmente el estado y los límites del planeta. Las consecuencias de la prontísima invasión de maquinarias, artefactos, industrias y demás sobre los ecosistemas, ha generado una aguda insostenibilidad, inundada de preguntas y respuestas más que de acciones concisas.

El cambio climático, la deforestación, la pérdida de recursos biológicos, el uso indiscriminado de los combustibles fósiles -por solo mencionar algunos-, son solo algunas señales de que nuestra sociedad no se encuentra nada bien. Somos seres irracionales y despilfarradores. Teniendo ya varios años dedicándome profesionalmente y personalmente al tema ambiental, es duro ver como los análisis apuntan a una seria crisis socio-ambiental (no para las generaciones futuras, sino para los que estamos hoy aquí) y mientras tanto observar, como la sensatez ética se resbala de entre los dedos de políticos y actores económicos de gran envergadura.

El siglo XXI se presenta como el mayor desafío para un ambientalista, no solo por el hecho de afrontar situaciones profesionales difíciles y quedar atónito ante la falta de gobernabilidad ambiental (como uno de los ejemplos más claros que puedo dar, son las negociaciones internacionales de cambio climático), sino porque como ambientalistas tenemos que enfrentarnos diariamente a personas sin escrúpulos.

De acuerdo al informe DeadlyEnvironment, realizado por la organización Global Witness, demuestra que América Latina y Asia son las dos regiones con mayor número de homicidios de personas dedicadas a la protección de la naturaleza. Tal y como lo demuestra el informe, “han pasado más de 25 años de la muerte de Chico Mendes, el humilde cauchero que se convirtió en símbolo internacional de la defensa del medio ambiente. Y Brasil, el país donde fue asesinado por intentar que los especuladores no destrozaran la Amazonia, sigue siendo el lugar más peligroso del mundo para los activistas del ecologismo”.

Particularmente nuestra región tiene los dos países más peligrosos para ambientalistas en el mundo: Brasil con 448 asesinatos y Honduras con 109. Otros países de la región con alta cantidad de asesinatos son Perú con 58 víctimas y Colombia con 52. De igual manera, el informe destaca la gravísima impunidad existente en la región contra los asesinatos de ambientalistas:

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Resulta algo complejo oficializar la historiografía del ambientalismo en el planeta y en específico en la región latinoamericana, sin embargo de acuerdo a ciertos registros, se cree que este movimiento comenzó a gestarse después de la Segunda Guerra Mundial bajo un amplio espacio de ideologías, coincidiendo con la publicación del libro de Rachel Carson “Silent Spring” en 1962, el Informe “Los Límites del Crecimiento” producido por el Club de Roma en 1972 y la Declaracion de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente Humano de Estocolmo en 1972.

En nuestra región, el ambientalismo se fortaleció hacia los años 70 cuando se dio a conocer el Informe Bariloche “¿Catástrofe o nueva sociedad?: Modelo Mundial Latinoamericano”, en donde se destacaban las diferencias sustanciales entre los países desarrollados y en desarrollo, respecto a su relación social y medioambiental.

Sin embargo y después lo anteriormente dicho, seguiré trabajando por el planeta y por demostrar que su conservación es nuestra preservación como especie. Estoy segura que todos los ambientalistas de corazón y de profesión, seguiremos luchando por conservar la esperanza, la fe y la perseverancia que se necesite, para afrontar los retos necesarios en pleno Siglo XXI… a pesar de que el ambientalismo sea un oficio de alto riesgo en plena globalización.

Vía: Maria Eugenia Rinaudo Mannucci | i-ambiente.es

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Defensores, Activistas, Ambientalistas, Ecologistas y Conservacionistas
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