De la domesticación del perro

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El nacimiento de la agricultura representó un hito fundamental no solo en la historia evolutiva de la humanidad, sino también en la del perro doméstico. Así lo revela un estudio publicado en la revista Nature por investigadores de la Universidad de Uppsala, que han identificado algunas regiones genéticas que constituyen la base de cambios en el comportamiento y en la adaptación del lobo al estilo de vida del hombre.

Tras secuenciar y comparar el genoma de 60 perros de 14 razas diferentes y de 12 lobos de distintas zonas del planeta, los investigadores identificaron 3.8 millones de variantes genéticas, a partir de las cuales aislaron 36 regiones de ADN que llevaron a la selección del perro doméstico. Los análisis mostraron que ocho de los genes contenidos en estas regiones intervienen en el desarrollo del sistema nervioso y, en particular, en los cambios etológicos que permitieron a este cánido convertirse en el mejor amigo del hombre.

Por otro lado, los ensayos de laboratorio también hallaron la presencia de diez genes relacionados con el metabolismo de las grasas y, sobre todo, con una digestión más eficiente de los constituyentes que forman la mayoría de los carbohidratos presentes en nuestra dieta habitual. En particular, el gen de la amilasa, una enzima responsable de la descomposición del almidón en el intestino, resultó cinco veces más activo en los perros que en los lobos, a la hora de digerir este nutriente principal de los alimentos de origen rural como el trigo y el arroz.

Con todo, ¿cuál fue el origen de esta evolución? En opinión de los autores del estudio, todo pudo haber empezado en los albores de la revolución agrícola, cuando el ser humano pasó de un estilo de vida nómada a sedentario. Según esta hipótesis, en esa época el hombre capturó y crio cachorros de lobo para adiestrarlos y utilizarlos en sus batidas de caza, seleccionando inconscientemente los genes más útiles para su domesticación.

Sin embargo, los lobos también pudieron ser atraídos por los vertederos ubicados en las cercanías de los primeros asentamientos humanos, tal como sucede hoy en día en algunas zonas de los parques naturales. Este tipo de evento podría haber favorecido la selección natural de aquellos genes que permiten una digestión eficiente de los alimentos ricos en almidón, por lo que los perros habrían evolucionado de forma paralela a los humanos y a su dieta.

Vía | InvestigacionYCiencia.Es

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